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TEST DE LA ANGUSTIA

Este es un problema que, en momentos cruciales de la vida, puede afectar a muchas personas, a unas más con más frecuencia e intensidad que a otras.

Sentir angustia, miedo, o experimentar cualquier tipo de obsesión preocupante, es normal cuando existen causas reales para ello. Sería inhumano, además de absurdo, decirle a una madre que no sienta angustia mientras su hijo está en la guerra. Igualmente normal es sentir angustia si nos hallamos en un edificio que está ardiendo por los cuatro costados y no vemos una salida. O tener miedo si alguien nos amenaza con un arma.

Estas angustias, aunque por supuesto son reales, no son preocupantes en el sentido de que no forman parte de nuestra personalidad, sino fruto de las circunstancias. Son angustias o temores que una vez ha desaparecido la causa se esfuman a su vez.

Pero hay otras angustias que sí son verdaderamente preocupantes, pues fornman parte de nuestra personalidad, es decir, de nuestro carácter, de nuestra manera de ser y pensar.

Vamos con el test para saber a qué grupo pertenecen sus angustias..., si es que las tiene.

1 ‑ ¿Le disgusta siempre la soledad?

2 ‑ ¿Teme viajar solo, dormir solo, trabajar solo. . .?

3 ‑ ¿Le impide dormir la existencia de armamento nuclear, vírico, neutrónico, etcétera?

4 ‑ ¿Le preocupa, e incluso le asusta, la idea de quedarse atrapado en un ascensor que se avería de repente?

5 ‑ ¿Le asusta o inquieta de alguna manera la oscuridad?

6 ‑ ¿Le sobresaltan siempre los ruidos inesperados, como el timbre del teléfono o el claxon de un automóvil?

7 ‑ ¿Con frecuencia piensa al acostarse que quizá no despierte?

8 ‑ ¿Teme siempre que lo atraquen, o que lo estafen, o que entren ladrones en su casa durante su ausencia...?

9 ‑ ¿Le asusta viajar en avión?

10 ‑ ¿Tiene continuamente miedo de quedarse sin empleo?

11 ‑ ¿Le aterra la sola idea de pedir aumento de sueldo?

12 ‑ Si una persona amada a la que está esperando, se retrasa, ¿empieza muy pronto a temer que le ha ocurrido al­guna desgracia?

13 ‑ ¿Llama usted el médico al menor síntoma preocu­pante o a la más leve punzadita de dolor?

14 ‑ ¿Se abstiene de entrar en un local público si le parece que hay "demasiada" gente en él?

15 ‑ ¿Se sobresalta cuando alguna persona desconocida se dirige de pronto a usted en la calle, aunque resulte que sólo le pregunta la hora o determinada dirección?

16 ‑ ¿Tiene con frecuencia la impresión de que algunas personas la tratan con dureza o animadversión?

17 ‑ ¿Prefiere que sean otros quienes conduzcan el coche

en el que usted viaja?

18 ‑ Si va en un coche que conduce otra persona... ¿vigila lo que hace esa persona con los mandos, le hace advertencias y recomendaciones continuamente, y se las arregla al mismo tiempo para no perder de vista la carretera o la avenida por la que circulan?

19 ‑ ¿Se descubre a sí mismo pensando obsesivamente en sus problemas en lugar de buscarles soluciones satisfacto­rias rápidamente?

20 ‑ ¿Le preocupa que en un momento dado alguien de su esfera social o familiar le pida algo que usted no sepa o no pueda proporcionarle?

Por supuesto, usted ya ha comprendido que si ha res­pondido sí a las veinte preguntas, su caso es bastante pre­ocupante, hasta el extremo de que nos permitimos sugerirle que recurra al médico especializado.

Pero no creemos que usted haya contestado afirmativamente veinte veces. Y ni siquiera entre diecinueve y dieciséis, pues en este caso también necesitaría un poco de ayuda directa y especializada..., aparte de mayor comprensión por parte de quienes le rodean.

Si ha dado entre quince y once respuestas afirmativas, su nivel de angustia, temor, preocupación y toda una serie de actitudes poco convenientes entra dentro de lo razonable. Todavía un poco preocupante, y desde luego mejorable, pero razonable, sobre todo si entre esos síes están los que co­rresponden a las preguntas 9, 10, 12 y 20, en las que se plantean cuestiones que afectan en mayor o menor medida prácticamente a todas las personas.

Si ha respondido sí menos de once veces, está usted en un punto de equilibrio emocional aceptable, en mayor medida, claro está, cuantas menos respuestas afirmativas tenga. Si tiene menos dé cinco respuestas afirmativas se podría decir que, más que angustiada, es usted una persona un poco aprensiva.

Si ha contestado con un no a las veinte preguntas usted no tiene síntomas de angustia ni de nada que se le parezca. Pero tal vez debería revisar su nivel de sensibilidad en general y de sensibilidad humana. en particular.

Los remedios para eliminar un nivel alto de angustia son numerosos, pero básicamente son dos. Uno, corno ya le he in­dicado si su caso es muy extremo, es recurrir a médicos es­pecialistas. Dos, tener o desarrollar la capacidad de sobrepo­nerse a todas las situaciones angustiosas o simplemente preocupantes por medio del análisis, la reflexión y la lógica.

TEST DE LA SENSIBILIDAD

Algunas personas no se toman en serio esto de la sensi­bilidad, ya sea porque realmente ellas son insensibles, o por­que consideran que ser sensible es lo más parecido a ser débil o pusilánime.

Si realmente usted ES insensible, poco se podrá hacer para enmendarlo.

Si no lo es, sino que SE COMPORTA de modo insensible debido a que usted mismo se ha convencido de que es una muestra de debilidad, o porque se ha dejado convencer por otras personas en ese sentido, o porque está desorientado respecto a los auténticos valores humanos, entonces sí es­tamos todavía a tiempo de hacer algo para mejorar su acti­tud, que es el primer paso para propiciar que su verdadera sensibilidad se manifieste libremente.

Es claro, usted puede alegar que no hay ninguna necesi­dad, y menos ninguna obligación, de SER sensible, y que usted, simplemente y puesto que ES insensible, prefiere con todo derecho seguir siendo insensible. Si este es su caso, no hay más que hablar, y le sugiero que ni siquiera se moleste en leer las preguntas de este test.

Pero quizás es usted una de esas personas mal informa­das, o resabiadas, o disconformes consigo mismas, que no tienen bien entendido esto de la sensibilidad, y creen que ser sensible es llorar por cualquier cosa o desmayarse de gozo por ver crecer una margarita. Y como eso le parece a usted una tontería cursilona, decide no ser sensible.

Pero es que el asunto no va por ahí.

La sensibilidad, ciertamente, presenta muchas facetas y grados, y se puede definir y¡ o interpretar de muchas maneras.

Por ejemplo, una persona puede creer que es sensible porque le emociona una hermosa puesta de sol o, como he dicho antes, por ver crecer una margarita, y, en cambio, esa misma persona no siente nada viendo una escena bélica donde mueren soldados a miles o la población civil agoniza en masa, enferma y depauperada por falta de alimentos, me­dicamentos y cobijo.

Sin duda que usted ha captado la diferencia.

Pero fíjese bien: no se trata de que a usted deje de emo­cionarle la puesta de sol y sí le emocionen las crudas escenas de la guerra y la muerte. De lo que se trata es de que a usted le emocionen todas esas cosas, de que le sensibilicen el sol, la flor, la muerte y el hambre.

Dicho de una vez por todas:

la sensibilidad es una capacidad de reacción interior, de emoción "espontánea", ante las diversas circunstancias y hechos de la vida.

Todo lo demás no son sino actitudes o comportamientos fruto de la "educación" recibida.

Por ejemplo, ante los hechos anteriormente mencionados, es muy posible que algunas personas no sientan absoluta­mente nada ni ante la puesta de sol ni ante la masacre hu­mana, pero, debido a la "educación" recibida, se consideran obligadas a manifestar agrado ante la flor y repulsa ante la masacre.

La cuestión es: ¿realmente siente esa persona un agrado o una repulsa interior y espontánea, al margen de los com­portamientos sociales establecidos..., o simplemente, aun sin sentir nada, manifiesta lo que le han enseñado que se debe manifestar en cada caso?

Si usted está en el primer caso, es una persona sensible. Si está en el segundo caso, obviamente es usted una persona que precisa una ayuda para empezar a aclararse consigo mismo respecto a si es o no es sensible.

1 ‑ ¿Le molesta que le gasten bromas sobre el sentimiento del amor?

2 ‑ ¿Se considera incapacitado para dedicarse al co­mercio?

3 ‑ ¿Prefiere mentir antes que decir una verdad que sabe que puede herir a otras personas?

4 ‑ ¿Le deprimen las escenas de enfrentamiento entre personas que ‑se aman?

5 ‑ ¿Considera que la fabricación de armamento es una afrenta, una burla cruel a la humanidad?

6 ‑ ¿Se da cuenta "de un modo extraño, inexplicable" de cuándo las personas próximas a usted están de malhumor?

7 ‑ ¿Sabe distinguir entre quienes son amigos de usted de verdad y los que solamente merecen ser llamados conocidos?

8 ‑ ¿Le desanima que sus ideas y actitudes sean errónea­mente interpretadas?

9 ‑ ¿Le emocionan incluso hasta e1 llanto (más o menos disimulado) las escenas en las que se pone de relieve alguna faceta o un simple comportamiento admirable de la natura­leza humana?

10 ‑ ¿Se da cuenta rápidamente de cuándo se ha equivo­cado en sus reacciones en una discusión?

11 ‑ ¿Le mortifican las discusiones aunque tenga usted la razón?

12 ‑ ¿Le inquieta relacionarse de repente con varias per­sonas desconocidas hasta ese momento?

13 ‑ ¿Le disgusta profundamente comprender que nunca será capaz de hacer con la perfección deseada algo que le gusta mucho

14 ‑ ¿Desea que sus méritos sean reconocidos, aunque sea de un modo discreto, sin aspavientos?

15 ‑ ¿Le preocupa que le preocupen las preocupaciones ajenas?

16 ‑ ¿Se ha dado cuenta de que algunos de sus amigos suelen abusar de su amistad hacia ellos?

17 ‑ ¿Se ha enamorado alguna vez a primera vista?

18 ‑ ¿Le entristece ofender a los demás aunque haya ocurrido de modo involuntario?

19 ‑ ¿Se ha percatado de que suele llorar o lagrimear con bastante más frecuencia que la mayoría de las personas con las que se relaciona?

20 ‑, ¿Se siente incluso infeliz cuando otra persona hace algo que le parece carente de sensibilidad?

Si ha contestado afirmativamente a todas las preguntas, cuenta con nuestra más sincera admiración, pues es usted persona dotada de gran sensibilidad y un gran sentido de la humanidad. Pero al mismo tiempo, nos vemos obligados a advertirle que lo tiene bastante mal, porque se va a pasar la vida sufriendo si no por una cosa por otra. A menos, claro está, que usted aprenda a superar o cuando menos controlar esas emociones.

Si ha contestado afirmativamente entre diecinueve y diecíséis preguntas, su caso es parecido al anterior, aunque matizado de un cierto grado de autoprotección que sin duda le va a evitar más de un disgusto y una asimilación bastante adecuada de muchos más. Digamos que tiene usted un gra­do de sensibilidad muy alto pero dentro de unos niveles muy razonables, prudentes y convenientes. No va tener ninguna dificultad en superar y controlar sus emociones, con lo que en el futuro se evitará incluso lo que podríamos definir como "sufrimientos lógicos".

Es decir, que podrá usted seguir siendo una persona sen­sible pero sin sufrir por ello.

Si ha contestado sí entre once y seis veces, es usted una persona promedio de lo más corriente en este sentido. No es insensible, desde luego, pero su sensibilidad no le va a hacer sufrir demasiado en la vida. Recurriendo a un refrán, diga­mos que es usted de los que saben nadar y guardar la ropa. Se pierde usted unos cuantos goces de la vida, pero, entre nosotros, también se ahorra muchísimos disgustos y decep­ciones. Lo ideal sería que usted supiera sacar partido de este libro, con lo cual lograría refinar su sensibilidad y permane­cer en guardia ante las agresiones de su entorno.

Si usted ha cosechado entre cinco y un síes, francamente, es bastante insensible, e incluso resultará en muchas oca­siones lo que suele llamarse una persona "dura". Los goces que usted obtenga de la vida no será por la vía de la sensi­bilidad, sino del materialismo. Se ahorra, claro está, un mon­tón enorme de disgustos, pero también un manantial de placeres de los que, por ahora, es inútil hablarle.

Si, en fin, no ha cosechado ni un solo sí, sólo se me ocu­rren dos explicaciones:

a) simplemente, ES usted de piedra.

b) no es usted realmente insensible, sino que reacciona así para protegerse de los muchos desengaños y fracasos que ha tenido en la vida.

En el caso a), me permito sugerirle que dejemos correr este tema y pasemos a otro; porque, claro está, la sensibilidad no lo es todo en la vida.

En el caso b), me atrevo a decirle que por muy dura que sea su actitud usted es, en el fondo e inevitablemente, una persona más o menos sensible que se ha procurado una coraza para protegerse de sinsabores mil.

Bien está. Pero le recomiendo que deje pasar a través de esa coraza algunas de las cosas agradables y bellas que ahora rebotan en ella. Aprenda a seleccionar. Sea más dúctil. Lo que usted está haciendo es igual. que ir a todas partes con paraguas y llevarlo siempre abierto por si acaso llueve. Es claro que puede llover; pero también puede lucir un sol espléndido y gratisimo, y el paraguas le priva de disfrutarlo. Si ese es su deseo, vaya a todas partes con el paraguas..., pero ciérrelo cuando luzca el sol.

Tal vez usted se esté preguntando qué es mejor en definitiva, ser sensible o insensible. Deje de preguntárselo: es mejor ser una persona dotada de sensibilidad. Ahora bien, lo que debe hacer es disfrutar de los goces que pueda proporcionarle esa sensibilidad y no permitir de ninguna manera que se convierta en una fuente de disgustos. Usted puede lograrlo.

TEST DEL ORGULLO

Si alguna vez le dicen que es usted un orgulloso siga tran­quilo.

Porque esto del orgullo, como casi todas las cosas, tiene muchos matices. Uno de ellos es que el orgullo, simplemen­te, es necesario.El orgullo bien entendido, claro está.

Por ejemplo, usted se ha preparado a conciencia para conseguir una plaza en una entidad bancaria, se somete a los exámenes establecidos, y no sólo obtiene la plaza que desea, sino que es el número uno de su promoción o grupo. Tenga por cierto que es natural que usted esté orgulloso de su éxi­to, que a fin de cuentas le compensa por el esfuerzo realizado y es estimulante para el positivo desarrollo de su personali­dad. Esto es lo que se llama orgullo bien entendido.

Pero supongamos ahora que tras conseguir esa plaza con el número uno, trata usted con condescendencia a los demás participantes en la oposición, y con menosprecio a quienes ni siquiera han conseguido pasar con éxito el examen. Esto es orgullo mal entendido, y, por cierto, no sirve en absoluto para estimular positivamente su personalidad. Bien, en realidad no sirve absolutamente para nada..., salvo para crearse no diré odios pero sí enemistades.

0 sea, que con esto del orgullo ocurre como con el coles­terol en la sangre, que ahora resulta que hay varias clases, algunas convenientes y/o necesarias y otras perjudiciales. La cuestión consiste, pues, en saber distinguir un colesterol de otro:.., un orgullo de otro orgullo.

Para entendernos todavía mejor digamos que un orgullo es simplemente vanidad y el otro orgullo es satisfacción.

Seguro que capta la diferencia, pero vamos a hacer una última aclaración al respecto. Si usted se apresura a lanzar a los cuatro vientos la noticia de su éxito obtenido, porque si no lo hace así le parece que su éxito es menos éxito, esto es vanidad. Si usted se siente contento, independientemente de que otras personas se enteren o no se enteren de su éxito, esto es satisfacción.

¡Menuda diferencia!

Pero insistimos: una dosis razonable de orgullo es necesaria para sostener y desarrollar positivamente la personalidad en diversos aspectos.

Con el orgullo ocurre igual que con algunos venenos: en dosis pequeñas pueden ser usados cono medicamentos e incluso como antídoto de ese mismo veneno; en dosis grandes, mata.

Cumplimente el test que sigue, y acto seguido hablaremos de su dosis de orgullo.

1 ‑ ¿Se las arregla para que en cualquier circunstancia o acontecimiento parezca que es usted el principal protagonista, aunque esto no sea cierto?

2 ‑ ¿Termina su firma subrayándola con un trazo enérgico y vistoso?

3 ‑ ¿Suele utilizar la palabra YO para empezar cualquier frase?

4 ‑ ¿Aprovecha cualquier ocasión, aunque sea cogida por los pelos, para informar a sus interlocutores de sus méritos, premios y hazañas?

5 ‑ ¿Se enfada o simplemente se siente fastidiado cuando alguien le dice que tiene usted algún defecto, por pequeño que sea?

6 ‑ ¿Le cuesta un gran esfuerzo perdonar insultos o desdenes a su persona o a labor?

7 ‑ ¿Suele intervenir sin que se le solicite, convencido de que su intervención va a ser decisiva, algo así como la luz que guía a los pobres ignorantes?

8 ‑ ¿Prefiere ser amado antes que amar?

9 ‑ ¿Realiza maniobras astutas con tal de ser presentado a personas distinguidas y relacionarse con ellas?

10 ‑ ¿Acostumbra mencionar a la menor oportunidad que es ustéd amigo de Fulano o de Mengano, ambos personajes ilustres?

11 ‑ ¿Le mortificaría enterarse de que su pareja estuvo anteriormente muy enamorada de otra persona?

12 ‑ ¿Prefiere una vistosa obra de bisutería antes que un modesto anillo con un diminuto brillante auténtico?

13 ‑ ¿Procura que se vea la marca de sus pertenencias (zapatos, pantalones, bolígrafo...) cuando dicha marca es prestigiosa o simplemente está de moda?

14 ‑ ¿Le molestaría que su pareja fuese más importante que usted en algún aspecto, o que en determinado momento adquiriese mayor popularidad?

15 ‑ ¿Se ha hecho trazar su árbol genealógico y suele aprovechar cualquier ocasión para mencionarlo?

16 ‑ ¿Está convencido de que usted lo haría mejor, sea lo que sea y lo haga quien lo haga?

17 ‑ ¿Hace esperar sin necesidad a las personas que lo llaman por teléfono?

18 ‑ ¿Le molesta que una persona más joven que usted lo tutee sin más, o se tome lo que suele llamarse demasiadas confianzas..., aunque en realidad sólo se trate de que esa persona es comunicativa, cordial y simpática?

19 ‑ ¿Se resiste a admitir lo dicho anteriormente, o sea, que otra persona sea más comunicativa, cordial y simpática que usted?

20 ‑ ¿Se considera usted por encima de este test, y, en general, por encima de cualquier valoración de su persona o su personalidad?

Si ha contestado afirmativa­mente a las veinte preguntas es usted lo que suele llamarse un caso perdido. Vamos, que su orgullo es inconmensurable y nos tememos que incorregible. De verdad, no le va a ayudar en la vida, sino que, por el contra­río, le va a ocasionar problemas.

Muchos problemas.

Pero a fin de no agobiarlo, vamos a resumir esa gran cantidad de problemas en dos únicos si bien enormes in­convenientes:

a) su promoción social será ardua y dolorosa.

b) su desarrollo personal será lento y defectuoso.

Analicemos brevemente el inconveniente a): su promoción será ardua por la sencilla y lógica razón de que nadie va a ayudarle.

En cuanto al inconveniente b), es obvio que la visión que usted tiene de sí mismo le va a perjudicar en el sentido de que, al no admitir sus propios errores y consecuentemente capacitarse para enmendarlos, va a tener que apechugar con ellos más tiempo del necesario. Esto, como usted bien com­prende, va a perjudicar y a deteriorar el desarrollo de su ca­pacidad natural de perfeccionamiento. Esta capacidad na­tural de perfeccionamiento, en mayor o menor grado, está al alcance de todas las personas, pero implica tener la humil­dad mínima de aprender, rectificar y aceptar las realidades, no de pretender imponer los deseos propios.

Vuelva a contestar las veinte preguntas del test. Tal vez encuentre un resquicio por donde escapar y colocarse en la categoría siguiente.

Entre diecinueve y dieciséis respuestas afirmativas le de­finen a usted como orgulloso en gran medida, pero no tanto que se cierre a sí mismo el camino hacia un mañana mejor. Y digo mejor en el sentido de más conveniente para usted, pues controlar su orgullo le ayudará a tener más amigos o cuando menos partidarios, y su actitud le ayudará a adquirir mayor perspicacia en muchas cuestiones.

Hay una cuestión sobre la que quiero advertirle seria­mente: procure, cuando menos, controlar su orgullo lo sufi­ciente para no crearse enemigos. Tenga muy en cuenta que cuando una persona orgullosa se crea enemigos, éstos, que generalmente se sienten humillados, aprovechan la menor ocasión para aplastar al orgulloso.

Si usted ha obtenido entre quince y once respuestas afir­mativas, bueno, ya se sabe que nadie es perfecto, así que no se preocupe demasiado, pero aproveche su indudable inteli­gencia para intentar rebajar ese nivel de respuestas afirma­tivas.

Pero no demasiado. Porque si usted ha obtenido entre diez y seis respuestas afirmativas, bien está, digamos que su or­gullo es de una medida soportable, y por supuesto lo bastante controlable para que no le perjudique demasiado en su an­dadura por la vida; claro está, se trata de que usted quiera controlarlo, lo cual le aconseja que haga. Fíjese bien: le decimos que controle su orgullo, no que lo elimine.

Y ello porque, como decía al principio del test, el orgullo, en una medida razonable o controlable, es necesario para la formación del carácter. Por tanto, si usted ha dado cinco o menos preguntas afirmativas, debo advertirle que corre un cierto peligro de caer en la inseguridad e incluso en la desaprobación de sí mismo, y esto, como es fácil de comprender, puede resultarle nefasto en la vida. Así pues, recuerde:

El orgullo es conveniente en cierta dosis, pues cuando menos sirve de afirmación de la personalidad. Pero en dosis excesivas sólo servirá para crear problemas e inconvenientes.

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