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Familia y trabajo

 

En los últimos tiempos están aflorando diversas teorías sobre la forma de vivir equilibradamente, tanto en el orden profesional como en el personal y familiar. Hay quien dice que es incompatible ser exitosos en ambas.

Yo soy de la opinión que se puede conseguir el éxito en la vida profesional y a la vez en la vida familiar. Se trata de nuestra actitud en todo lo que hacemos, que es lo que realmente nos ayudará a sentir más o menos satisfacción.

Cuando estamos en el hogar, hemos de procurar implicarnos y concentrarnos en aquello que en aquel momento estamos haciendo, viviendo o sintiendo. Implicarnos en todo aquello que afecta a nuestra pareja, implicarnos en los problemas y alegrías de nuestros hijos, es decir implicarnos en la vida de familia.

Y cuando estamos desempeñando nuestro trabajo hemos de implicarnos en las tareas de nuestro puesto de trabajo en toda su extensión y con plena responsabilidad, como si de la propia empresa se tratase.

 

Como dice Carlos G. Vallés, el secreto está en el entrar y salir. Entrar del todo y salir del todo. El problema es que vivimos a medias. No vivimos del todo. Y vivimos nuestra vida a medias, porque vivimos cada situación a medias. No entramos del todo en cada situación y no salimos del todo de ninguna. Desayunamos leyendo el periódico, cenamos viendo la televisión, conducimos mirando el reloj, paseamos hablando por el móvil, trabajamos pensando en casa, volvemos a casa pensando en el trabajo, contestamos sin escuchar, hablamos a uno mirando a otro....y siempre sin acabar de entrar del todo y siempre sin acabar de salir del todo. Benjamin Constant en su carta a Madame de Nassau en 1808 le decía: “la vida consiste en salir de las cosas”. Pero para salir antes se debe de entrar, y para salir del todo, hay que entrar del todo.

Se trata de estar a gusto en cada cosa que se hace en la vida personal y familiar y también en cada cosa que se hace en la vida profesional y si no estamos a gusto es sencillamente porque no estamos, no hemos entrado. La personas que tienen una vida personal y familiar plena, acostumbran a ser unos buenos profesionales en su trabajo.

La psicóloga Rosalind Barnett de Boston realizó un estudio con 300 parejas en las que ambos miembros trabajaban y los resultados pusieron de manifiesto que las personas que tenían una buena relación personal y familiar eran capaces de aguantar mejor los problemas laborales.

Barbara Reinhold, conocida investigadora, en un estudio de 700 mujeres de diversos campos profesionales y variados niveles de responsabilidad, informaba que el 89% que tenía un hogar, sus experiencias familiares les habían ayudado a ser más productivas en la empresa. Señalaba que habían desarrollado estrategias de dirección, tales como crear sentido de grupo, mantener la calma en situaciones críticas, y saber compensar los progresos en el trabajo.

Cuando las personas somos capaces de pasar del rol del conflicto al rol del apoyo, tanto las empresas como las familias se benefician de ello. Si se establece una relación equilibrada entre trabajo y familia, se genera una satisfacción personal que potencia la motivación en la empresa.

 

Para poder establecer este equilibrio entre trabajo y familia, la empresa ha de ayudar, implementando acciones que permitan armonizar trabajo y familia: flexibilidad de horarios, guarderías infantiles, disfrutar de permisos para asuntos personales, posibilidad de escoger las vacaciones de acuerdo con las conveniencias familiares, teletrabajo, compactar las jornadas laborales evitando que se eternicen, etc.

Aquí no se está diciendo que se haya de trabajar menos, sinó que un número excesivo de horas en el trabajo reduce el tiempo junto a la familia. ¿Y qué se entiende por un número excesivo de horas? No podemos fijar una cifra exacta. Dependerá de cada persona, del puesto, de la responsabilidad asumida, de los objetivos a cumplir, de las épocas de sobrecarga de trabajo, etc. Se puede llegar tarde a casa unos días determinados y por unos motivos determinados. Nos podemos llevar trabajo a casa un fin de semana por algo que no puede esperar. Sin embargo no hemos de caer en la trampa de considerar estas situaciones como algo normal. Si esto se repite con frecuencia se habría de cuestionar la organización del trabajo, porque si la planificación es adecuada, las tareas están debidamente organizadas y se delega todo lo delegable, es que aquel puesto está mal dimensionado.

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